Mostrando entradas con la etiqueta terrorismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta terrorismo. Mostrar todas las entradas

jueves, julio 30, 2009

Hoy sí estarán contentos (los malnacidos)

Hoy sí. Hoy podrán celebrar las serpientes que han sesgado dos vidas humanas en aras de su grandísima puta y patria vasca, la falaz ramera de estado que suministra sicarios del Herrikolupanar. Hoy la gente bien nacida pierde a dos compañeros, a dos hombres que se dejaron la piel en la lucha por nuestro bienestar. Es un día funesto, otro más para la crónica negra de la democracia, porque la gran puta vasca volvió a parir mierda de sus entrañas.

Casi todos sabemos que un estado que se gana mediante el dolor, la muerte y el asesinato nunca podrá ser bueno. Será cloaca, nido de ratas y país invivible e insufrible. Será miedo, terror, amenaza y mordaza para todos aquellos que piensen de manera distinta. Será paseito, secuestro y muerte para los ciudadanos de bien. Los sabemos todos menos unos pocos homínidos de baja estofa que de verdad creen que la lucha es la de las bombas lapa...

Pues no, hijos de puta, no es así. La lucha se hace desde la decencia, desde la tolerancia y el respeto. Sin pasamontañas, sin serpientes ni hachas, y con los cojones (y cojonas) bien plantados. Recordadlo cuando dentro de algún tiempo estéis entre rejas y tengáis por delante más de 35 años de condena. Para cuando salgáis de la cárcel, además de mierda humana, seréis pellejo y carne temblorosos. Habréis tirado por el retrete una vida entera por aquella basura que os metieron en la cabeza, entre porro y porro, en una Herrikotaberna. Disfrutad lo que os queda de libertad huyendo, porque será lo último que hagáis antes de cagaros en los pantalones ante el juez. No hay más que ver la carita de acojone que tenéis todos cuando os sientan en el banquillo...

miércoles, julio 29, 2009

ETA lo volvió a hacer...

Y es comprensible, claro. En el País Vasco viven tan oprimidos y tan mal a causa de los malvados castellanos, que es absolutamente lógico que unos jóvenes y valientes muchachos tengan que volar un cuartel de la Guardia Civil y dejar 46 heridos. La lástima, según ellos, es no haberse llevado por delante a alguno con el tricornio. Pero tranquilos, muchachos, que seguro que lográis quemar vivo a otro policía en su coche en aras de vuestra noble causa...

Y luego dicen que todas las ideologías son respetables en democracia. Menuda sandez... La democracia tiene la obligación de proscribir, prohibir y erradicar cualquier ideología que vaya en contra de ella, y el nacional secesionismo vasco es una de las más desestabilizantes que sufrimos en Europa. Por eso, con toda la calma y la tranquilidad del mundo, el gobierno español debería recuperar las competencias en materia de educación, transferidas a la comunidad autónoma vasca, para dejar de meter basura en los cerebros de los niños. Estoy convencido de que no pasaría nada de nada (con el fútbol mediante) y que dentro de 20 años todos viviríamos mucho más tranquilos, sin niñatos incendiando cubos de basura y metiéndose porros en Herriko tabernas a la salud de ETA.

Pero claro, eso implicaría hacer algo que a corto plazo restaría votos y que obligaría al actual gobierno a firmar un pacto de estado en materia de ordenación territorial. Yo no veo yo a ningún partido gobernando en contra de sus intereses y en favor de la mayoría de ciudadanos, porque eso requiere mucha visión y decencia, cualidades cada vez más escasas (si no inexistentes) en nuestros "dirigentes".

miércoles, mayo 27, 2009

El esperpento nacional

Las tesis sobre cómo acabar con ETA se aglutinan alrededor de dos posturas:

- La solución policial, que pasa por meter a todos los miserables en la cárcel
- La solución política, que pasa por coquetear con la legitimidad de la ideología secesionista de la banda

En España llevamos tres décadas oscilando entre una y otra postura. La primera siempre ha colocado contra las cuerdas a los malnacidos, mientras que la segunda les ha insuflado un valiosísimo oxígeno en sus momentos más críticos. La ratificación de la legalidad de Alternativa Internacionalista parece cerrar un ciclo e iniciar otra vuelta de la rueda: más dinero para ETA, más apoyo y legitimación y, ojalá me equivoque, más atentados y muertos.

Lo curioso es que lo que en España parece ser tabú para un amplio sector de la mal llamada progresía, en otras naciones con democracias consolidadas ni se plantea. A saber, que "no toda idea es válida en democracia". En la moderna Alemania, la ideología y simbología nazis están perseguidas por ley. Y la razón es obvia. El nazismo plantea riesgos reales para un modelo de convivencia aceptado y ha sido borrado de un plumazo. Por el contrario, España, con una constitución sufragada universalmente, sigue debatiendo su modelo de convivencia, y de ahí el problema.

Necesitamos una segunda transición a la normalidad, lograr una madurez democrática que separe meridianamente la defensa de los derechos de los ciudadanos del esperpento legal en el que incurren una y otra vez nuestras instituciones. ¿Qué sentido tiene solicitar en el parlamento europeo la ilegalización de Batasuna si nuestras instituciones permiten que los de siempre se presenten a las elecciones europeas?

El señor Morano se queja amargamente de la judicialización de la política, pero no ve que el problema es el opuesto: la contaminación e injerencia políticas en la vida civil, con sus continuos vaivenes ideológicos y cambios de compás. Hoy es legal, mañana no, al otro tal vez sí. Pongo a mis amigos en el constitucional y no vale el estatut de Cataluña. Los quito y vuelve a ser aceptable. De no ser tan preocupante, resultaría patético: la legitimación democrática del dedazo político.

El comienzo de la solución se torna obvio para muchos, pero no apetecible para los partidos políticos: salvaguardar la cada vez más comprometida separación de los poderes y acometer la temida reforma de la ley electoral. Denle el peso real a cada postura, con aquello de "un ciudadano, un voto", y verán como la democracia real coloca las cosas en su sitio. Que no guste a unos pocos no implica que no sea lo mejor para la inmensa mayoría de ciudadanos españoles. Las minorías deben aceptar que nunca llueve a gusto de todos.