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sábado, enero 16, 2010

La pobreza espiritual del obispo de San Sebastián

Que los curas digan barbaridades no debe extrañarle a nadie. Siglos de escolástica avalan las mayores idioteces intelectuales: negación de la teoría de la evolución, creencia en la inmaculada concepción, en la transustanciación (conversión del vino en sangre). Lo sabemos todos, lo del ADN es un cuento chino, las niñas se pueden quedar preñadas sin haber conocido varón (no se cabreen cuando sus hijas les den ese argumento) y las transfusiones en los hospitales deberían hacerse con Rioja Gran Reserva cero negativo.

Lo que resulta patético, a la par que indignante, es que el obispo de San Sebastián que ha dicho aquello de que "nuestra pobreza espiritual" sea un mal mayor que lo que están sufriendo "los pobres" en Haití siga en su cargo. Un miserable así debería ser expulsado de cualquier congregación. Creo que incluso la mafia siciliana haría todo lo posible por deshacerse de semejante bocazas...

Al menos, la basura excretada oralmente por el obispo sirve para advertirnos otra vez de la posición de la iglesia sobre la definición del mal mayor: es peor perder católicos en España que el sufrimiento extremo de millones de personas. Puro mercantilismo, porque los pobrecitos de Haití seguro que le rezan mucho a esa divinidad que tan bien cuida de ellos.

jueves, febrero 07, 2008

Corramos un tupido velo

De nada sirvieron las protestas de miles de ciudadanos turcos. El gobierno de Ankara ha aprobado el uso del velo en las universidades. No es obvio qué postura tomar a priori sobre tal decisión. De una parte, el velo simboliza el trato discriminatorio de la mujer en el islám. Es un "ejemplo visible de separación y diferencia", como lo calificó el exministro de asuntos exteriores británico Jack Straw. Sin embargo, el islám no es la única religión que practica una discriminación selectiva. Ahí tenemos a la religión católica, que limita el papel de la mujer a un segundo plano dentro de la jerarquía eclesiástica.

Por otro lado, la medida podría tener el efecto beneficioso de permitir el acceso a una educación superior a mujeres que, por cuestiones religiosas y familiares, no han podido hacerlo hasta ahora.

En ambos supuestos, mi opinión es que es necesario poner cerco a la vida religiosa y limitarla a la privacidad del individuo. Eso es lo que a mi entender significa un estado laico: tolerante con la práctica de las religiones pero con leyes ajenas a las normas que impone cada una.

Tengo serías dudas sobre cuál es el mejor camino a seguir para lograr la laicidad plena. De una parte, la intolerancia puede generar más intolerancia y una escalada en el conflicto. De otra parte, la democracia debe ejercer un cierto nivel de intolerancia y defenderse de normas que atentan contra sus pilares fundamentales. Por ejemplo, sería absurdo plantear un referendum sobre si queremos o no ser democráticos, aunque lo solicitase la mayoría de la población. El estado debe pues ser activo en la defensa de su definición y facilitar que los ciudadanos adopten los dogmas de convivencia como propios. Pero trazar la delgada línea que separa una interferencia necesaria de una injerencia intolerable me resulta harto difícil.

El tiempo dirá a dónde lleva la medida adoptada por Turquía, y si esta la aleja o acerca del modelo de convivencia occidental al que aspira a través de su integración en la Unión Europea.

Saludos a todos y que pasen un buen día,

el pobrecito hablador

sábado, febrero 02, 2008

A Dios lo que es de Dios...

Parece que los obispos españoles se han lanzado de cabeza a la campaña electoral. A las constantes injerencias en la vida pública, se suma ahora la petición de no votar al PSOE. Chocan frontalmente la locuacidad de algunos sectores de la Iglesia Católica cuando se trata de criticar la viga en el ojo ajeno y su silencio cuando toca practicar la autocrítica. Podría decirse, sin caer en excesivos errores históricos, que la Iglesia Católica es una de las instituciones que más atrocidades ha cometido en contra de la democracia y de los derechos fundamentales del ser humano. Que los obispos hablen de democracia tras haber mantenido la connivencia con los sanguinarios regímenes latinoamericanos, bendecido a los jóvenes argentinos arrojados desde los aviones o dado la comunión al infame Pinochet, es una tomadura de pelo. La Iglesia tampoco se desvela como un paradigma de comportamiento social cuando de denuncias sobre curas pedófilos se trata. ¿Qué autoridad moral posee entonces, si ni siquiera solicita el perdón de aquellos a los que se debe?

Aquí el debate es otro bien distinto. Los obispos se sienten amenazados y se defienden como gato panza arriba porque su privilegiada financiación corre peligro. Sin embargo, somos muchos los ciudadanos españoles los que pensamos que la Iglesia debería ser mantenida exclusivamente por sus fieles. Personalmente, preferiría que fuese a través de los cepillos dominicales y no mediante la recaudación del impuesto sobre la renta. Al fin y al cabo, si los católicos han perdido el interés en mantener la estructura que su Iglesia tiene montada, quizás haya llegado el tiempo de que ésta asuma una realidad mucho más modesta.

Ya lo dijo uno de sus emblemas: ...al Cesar lo que es del Cesar. Pues de eso hablamos, señores obispos, de eso hablamos. Pero por no escuchar, ya no escuchan ni las palabras de su propio Dios.

Saludos a todos y feliz noche de sábado,

el pobrecito hablador